J. AGUADO • SANTIAGO
Devolver a la muerte su dignidad de acontecimiento humano y asegurar que los pacientes no serán nunca engañados sobre su estado de salud son dos de las condiciones básicas para afrontar como personas instantes decisivos de una trayectoria vital. El obispo de Ourense, monseñor Luis Quinteiro, aseguró ayer -en el curso de verano Cómo Transmitir Malas Noticias, que se desarrolla en la facultade de Medicina de Santiago- que en la actual sociedad se ha producido una ruptura con la vivencia que se tenía tradicionalmente sobre la muerte. 
"Hoy tenemos que replantearnos", dijo, "cómo afrontar la muerte, porque hay un intento de privatizarla y sacarla de su contexto social". El prelado aseguró que "el morir de modo consciente es un derecho del paciente y una tarea para todos" y abogó por devolver a la muerte su dignidad, en unos momentos en los que está amenazada por prácticas eutanásicas activas.
"Una muerte auténticamente digna sólo es posible en unas condiciones sociales adecuadas", explicó el prelado. En su opinión, estas condiciones exigen la complementariedad de todos los afectados: familiares, sanitarios y el propio paciente.
Quinteiro lamentó que la muerte se haya alejado del ámbito del hogar, como hasta hace pocos años era habitual y que "haya dejado de ser un hecho natural para convertirse en un acto tecnológico".
Monseñor Quinteiro afirmó que desde una perspectiva cristiana, "el dolor y el sufrimiento tienen un sentido y la enfermedad, en muchas ocasiones, es un proceso espiritual, en el que se ve implicada la persona entera". "También en el dolor se encuentra sentido a la vida", apuntó.
Decir la verdad
Por su parte, Domingo Esteban Gómez, catedrático de Personalidade, Avaliación e Tratamento Psicolóxico de la USC, abogó por cumplir los protocolos de comunicación de malas noticias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así, explicó que "nunca se puede mentir", aunque se puedan transmitir grados de "verdad tolerable y soportable". Antes de informar, aseguró, "hay que planificar bien lo que se va a decir" y "transmitirlo de modo que el afectado y su familia lo comprendan".
Domingo E. Gómez reconoció, además, que hay ocasiones en las que es el propio paciente quien "no quiere saber", una opción que también debe ser respetada. El catedrático compostelano aseguró que la transmisión de malas noticias también puede interpelar a los sanitarios, que podrían sentirse culpables.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia-
Fecha: 2008-08-18