Pilar Gómez-Ulla. Psicóloga especialista en Educación Afectivo-Sexual en el centro FAMILIAE Psicoterapia.
Este mismo mes se desarticuló una red de prostitución en el polígono Marconi de Madrid. Las víctimas de esta red sufrieron extorsión, agresiones físicas, coacciones y amenazas. Empobrecidas, aterrorizadas, explotadas, lejos de sus seres queridos, utilizadas... entre ellas había dos menores de edad. Dos niñas prostituidas. 
Los periódicos no se han hecho mucho eco de esta noticia. Estos abusos no nos escandalizan. Es habitual. No se sabe cuántas, pero varios cientos de miles de mujeres y niñas, casi todas inmigrantes empobrecidas, son esclavas sexuales en nuestro país. Lo que sí sabemos es que son tratadas como mercancía. Se han denunciado repetidamente los abusos, engaños, extorsiones para beneficio económico de otro, que hacen de su situación una verdadera esclavitud indigna en pleno siglo XXI.
Según un informe de Naciones Unidas de 2000, los beneficios de la industria del sexo a nivel mundial ascendían a siete billones de dólares anuales, cantidad que probablemente haya aumentado en la última década. En los últimos años ha pasado de ser el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, tras el tráfico de armas y de drogas, a ser el segundo.
Hay otro dato escandaloso del que tampoco se ha hablado mucho, y es hora de airearlo. Más de 30.000 españoles viajan cada año a Iberoamérica a hacer “turismo sexual” con menores.O sea, a violar niños hambrientos. O sea, pederastia organizada, planificada, consentida, dando beneficios a hoteles, agencias de viajes, proxenetas... Esto también ocurre con absoluto consentimiento de nuestra sociedad.
El Papa ha pedido perdón en nombre de la Iglesia por los abusos de algunos sacerdotes. ¿Cuándo van a pedir perdón los periódicos españoles que ingresan 15 mil € diarios anunciando prostitución? ¿Qué responsables políticos y económicos pedirán perdón a las esclavas sexuales, a los niños prostituidos y a sus empobrecidas familias y pueblos?
En España han crecido exponencialmente los burdeles de carretera que hacen de nuestro país un lugar ideal para hacer “turismo sexual”. Grandes empresas ofrecen como "bonificación" a sus directivos y trabajadores viajes de turismo sexual o celebran sus acuerdos y reuniones en centros de prostitución. Lo estamos consintiendo todos.
Trabajo en educación afectivo sexual de jóvenes, he dado cursos y conferencias a padres y educadores, y todos queremos que nuestros hijos respeten su cuerpo y que sean respetados, que ninguna conducta, objeto, persona, dañe el valor de su sexualidad. Es imposible lograr esto en una sociedad donde nosotros, los adultos, aceptamos la esclavitud sexual de miles de personas. La historia siempre juzga los crímenes de cada generación. Tal vez el día de mañana nuestros hijos o nietos nos pregunten: “y tú ¿qué hiciste cuando se maltrataba así a las mamás de otros?”.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia-
Fecha: 2010-05-09