Por Amparo Acereda, Doctora en Psicología. Profesora de la Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull
En primer lugar, mis más sinceras felicitaciones al Ámbito María Corral por haber sido capaces de abordar un tema tan complejo, controvertido, y marcado por el mal-conocimiento respecto a este fenómeno intelectual específico al que denominamos s
uperdotación.
1) Definición y características de los alumnos superdotados
Para empezar, hemos de partir de una consideración esencial: el niño superdotado es, ante todo, un niño. Un niño en el que debemos contemplar dos aspectos básicos:
A) a nivel emocional posee una edad cronológica igual a sus compañeros, la que le toca por fecha de nacimiento
B) aunque a nivel intelectual es superior al resto y posee un funcionamiento mental más rápido.
Llegar a definir claramente la superdotación es complicado, puesto que es difícil llegar a una unanimidad en el término en sí mismo. Si echamos un vistazo a la literatura existente, comprobamos cómo los distintos autores designan a estos niños de diferentes formas: superdotados, sobredotados, talentosos, sujetos con altas capacidades, genios, brillantes, excepcionales, niños precoces o personas con «un don especial», lo que trae como consecuencia directa que el mal-conocimiento se haga más patente.
Nosotros partiremos de una definición simple: la superdotación es una capacidad general compuesta de una serie de aptitudes intelectuales significativamente más elevadas que en el grupo normal. Por tanto, los superdotados cuentan con capacidades y habilidades generales altas en todas las áreas.
Desde nuestra perspectiva, la superdotación ha de ser entendida a partir de la propuesta de Renzulli (1978; 1986), con base en la conceptualización que realiza en su Teoría de los Tres Anillos, donde se plantea que la superdotación es el resultado de la interacción entre tres elementos o factores determinantes:
(1) una elevada habilidad intelectual, muy por encima de la media poblacional.
Una habilidad intelectual que, medida en términos de Coeficiente Intelectual, ha de ser igual o superior a una puntuación de 130. Por tanto, la capacidad intelectual elevada y superior a la media es un componente necesario, pero no suficiente, para poder hablar de superdotación, contrariamente al estereotipo que mantiene que un superdotado es alguien muy inteligente.
(2) una elevada implicación o compromiso con la tarea.
La implicación o compromiso con la tarea implica la «motivación» que muestra el sujeto para abordar un problema determinado, durante un largo periodo de tiempo (llegando incluso hasta la extenuación física), motivación suficiente para garantizar la materialización de su potencial.
(3) una elevada creatividad.
Entendiendo la creatividad no como algo que sólo se plasma en las artes escénicas y representativas, sino como la habilidad para generar respuestas a problemas, respuestas que han de ser novedosas, alternativas, originales y de calidad.
Debemos tener presente que la creatividad siempre ha de estar presente en la superdotación, puesto que se puede ser creativo sin ser superdotado, pero para poder ser identificado como superdotado, es preciso ser, además, creativo.
2) ¿El superdotado nace o se hace?
A partir de esta definición, entendemos que este estado intelectual específico no es una capacidad estática ni un regalo de la naturaleza, sino el producto de la interacción entre los factores innatos (genéticos) y el entorno (cultura, aprendizaje, experiencia, familia, amigos) que envuelve al sujeto, lo cual supone afirmar que el superdotado nace y se hace. En función de ello, en la concepción inicial han de ser incluidos los marcos sociales de la familia, el colegio y los compañeros para llegar a la consideración actual de que la
superdotación puede y debe ser educada y desarrollada en su plenitud.
3) Características
¿Qué características presentan o pueden presentar estos sujetos? Desde que son muy pequeños, los niños superdotados pueden mostrar una serie de características típicas, fácilmente detectables por la familia:
1) Suelen ser niños precoces para andar, hablar y leer.
2) Tiene una excelente memoria.
3) Muestran una insaciable curiosidad.
4) Se cuestionan, precozmente, temas abstractos como: la muerte, Dios, el tiempo, el hambre, etc.
5) Su capacidad de concentración es muy alta para la actividad elegida.
6) Prefieren el trato con adultos.
7) No aceptan la autoridad sin un razonamiento profundo, y menos si la figura que representa la autoridad no tiene valor para él.
8) Tienden a inventarse normas y juegos nuevos.
9) Tienen dificultades para relacionarse con los niños de su misma edad.
Conviene tener en cuenta que no todos los niños superdotados han de mostrar absolutamente todas las características que normalmente se les atribuyen, y que hay niños que no son superdotados que pueden llegar a mostrar algunas de ellas.
Por tanto, y con base en estas características, debemos ser muy cautos a la hora de etiquetar como superdotado a algún niño. Pensemos que hasta los 12-13 años, momento en que la inteligencia se estabiliza, no se puede catalogar a nadie de superdotado, puesto que, anteriormente, una precocidad o una excesiva estimulación puede llegar a igualarse, en ese momento de los 12-13 años, con el nivel intelectual propio del resto de sus compañeros de igual edad cronológica. Y eso tendría consecuencias muy peyorativas y negativas para los propios niños falsamente identificados como superdotados.
Otro peligro en el que habitualmente se cae a nivel escolar a la hora de identificar a los superdotados y es un error muy frecuente de los padres y maestros: el superdotado nunca será el alumno que mejores notas saca o el que mayor rendimiento obtiene en los aprendizajes. Ése, en todo caso, será un talento académico. Por ello, los superdotados dentro del aula escolar suelen pasar desapercibidos. O, incluso, ser catalogados como niños problemáticos en su conducta o en el manejo de sus emociones. El maestro, como pieza clave en el proceso de reconocimiento de este fenómeno intelectual, no suele ser un buen detector porque asocia superdotado con niño aplicado, obediente, con buen rendimiento de las habilidades académicas. Es más, puede valorar equivocadamente a estos niños por ser muy inquietos, son los que molestan por preguntar constantemente, no muestran interés por las actividades propuestas, no siguen el ritmo de la clase, etc.
Estos niños suelen tener problemas de comportamiento porque se aburren y buscan otros entretenimientos, además suelen cuestionar la autoridad, los valores tradicionales o pueden resistirse a realizar actividades que ellos no consideran importantes ni relevantes. Por tanto, es importante distinguir al superdotado del niño con «talento académico» (que es el que saca buenas notas y destaca por su rendimiento en clase). En la población infantil escolarizada las proporciones que, aproximadamente, se dan son: el 5 % es un talento creativo-artístico, el 5 % posee talento académico y cerca del 2 % de la población es superdotada.
4) Principales problemas que pueden aparecer asociados con la superdotación
Cuando un niño superdotado, o bien no es reconocido como tal, o bien no está siendo convenientemente estimulado con base en su potencialidad, pueden aparecer problemas de comportamiento como respuesta a la frustración que está experimentando. Estos problemas pueden ser bien de índole:
a) agresiva (el niño da muestras de violencia, tanto verbal como física, fuerte rebeldía, se niega sistemáticamente a seguir ningún tipo de reglas, etc.) o
b) pasiva (vive en un mundo de fantasía, evita el contacto con la gente, no se defiende si alguien le insulta o le pega, etc.).
En realidad, sus problemas psicológicos surgen generalmente de sus propias vivencias en el ámbito escolar, puesto que a nivel familiar no suelen darse conflictos. Ahora bien, sí se evidencia en ellos:
- Se sienten diferentes, solos y no saben por qué.
- Tienen miedo al rechazo social.
- Rinden por debajo de sus posibilidades.
- Algunos sufren trastornos psicológicos por inadaptación escolar.
- Otros muchos llegan al fracaso escolar.
Los rasgos característicos de los superdotados con fracaso escolar serían, entre muchos otros, los siguientes: ansiedad, inseguridad, impresión de aislamiento, sentimiento de torpeza manual y física, sufrimiento al sentir que sus intereses son muy distintos a los de sus compañeros, deseo incesante de leer, etc. Y cuanto más elevadas son sus habilidades intelectuales, mayores son los problemas con los que se pueden encontrar en el ámbito educativo.
¿Cuándo empiezan a surgir las dificultades más evidentes? Alrededor de los 8 o 9 años no se evidencian, aún por lo general, problemas graves a nivel escolar, pero es a partir de los 11 años (más o menos en quinto de primaria) cuando empiezan a surgir distintos síntomas:
- falta de esfuerzo o interés por hacer la tarea o trabajar en clase
- mal comportamiento
- baja autoestima
- actitud negativa hacia el colegio
Además de lo señalado, existen otros síntomas relacionados con la adaptación social. Dado que son sujetos dotados de una elevada observación crítica, de una alta capacidad analítica, y de una marcada incredulidad, los profesores llegan a sentirse «amenazados» por este tipo de alumnos. Así mismo, como se caracterizan
por una marcada capacidad de liderazgo y respuestas enérgicas, tienen el peligro de intentar dominar a los demás más que comprenderlos, produciéndose así reacciones intensas provocadas por el rechazo, como la hostilidad, por ejemplo. Su tendencia constante hacia la individualidad y la búsqueda de libertad, les
conduce frecuentemente a la soledad, al aislamiento y a la combatividad, así como a una carencia de modelos sociales aceptables con los que identificarse. La mayor parte de los problemas de estos niños son debidos a una mala adaptación entre la sociedad y la educación; por ello el niño superdotado necesita un notable esfuerzo para resolver, además de los problemas propios de la infancia normal, los derivados de su excepcional dotación intelectual.
5) Para los padres...
Contra lo que mucha gente piensa, el hecho de tener un hijo superdotado no implica que haya que «hundirse» en el drama, ni que haya que volverse loco matriculando al niño en múltiples academias para que «llegue a ser...», o bien intentar esconder su condición excepcional superior para protegerlo de los problemas que, según piensan los padres, seguro que aparecerán.
Un niño superdotado no es ningún sabelotodo, ningún pitagorín, ningún monstruo... es un niño como otro cualquiera, pero que tiene unas necesidades educativas
diferentes. Sin embargo, diferentes o no, hay que atender esas necesidades de una forma adecuada. Lo más conveniente es motivar –que no obligar– al niño a aprender proveyéndole de material conforme lo vaya pidiendo, y siempre respetando sus gustos (y las posibilidades económicas de los padres).
Tan perjudicial es forzar a un niño a aprender a tocar el violín, si no le gusta la música, como responder sistemáticamente a sus preguntas con un «eso ya lo aprenderás cuando seas mayor». No hay nunca que olvidar que un niño con altas habilidades cognitivas tiene unas características especiales, y que estas características varían en cada uno en función de sus diferencias individuales. Por consiguiente, cada niño presenta, según sus características cognitivas, emocionales y sociales unas necesidades únicas que requieren una respuesta individualizada en los ámbitos donde éste se desarrolla.
Hemos de proporcionar al niño los medios educativos adecuados a través de distintas actuaciones educativas que acabamos de señalar. Pero, por encima de todo, pondremos los medios existentes a nuestro alcance para que el ámbito familiar encuentre todo el apoyo necesario para desarrollar al máximo sus capacidades.
De ahí que, para el ámbito familiar, yo me «atreva» a sugerir la siguiente recomendación: el niño superdotado, repito es un niño. Por tanto, a nivel emocional, debe ser tratado como lo que es: un niño que necesita atención, mimos y afecto. A nivel intelectual, debemos darles lo que nos pidan, pero no más. Todas sus demandas han de ser contempladas y satisfechas, pero no caigamos en la trampa de querer estimular en exceso sus capacidades, puesto que el objetivo como padres es criar y ayudar al positivo desarrollo de todas sus capacidades globales, fomentando su autoestima, no la de crear «super-niños» o «monstruitos» intelectuales.
Desafortunadamente, hoy por hoy, el tema de la superdotación es objeto de un marcado desconocimiento (a pesar de los distintos esfuerzos que se están realizando, pero que parecen no ser suficientes) basado en los distintos mitos y estereotipos que sobre los sujetos con altas habilidades cognitivas abundan. Con base en esto, se sigue considerando que un superdotado es aquél que posee un CI muy elevado, y que no hay que hacer con estos alumnos nada especial, puesto que con su inteligencia ya saben «salir airosos» en el ámbito escolar, teniendo además el éxito asegurado en sus vidas.
Desterremos los mitos y estereotipos que existen sobre la superdotación, y ayudemos a estos niños desde todos los ámbitos posibles: familiar, escolar y social. No olvidemos que los niños superdotados son el recurso más valioso que tiene una sociedad. Y sólo con una labor interdisciplinar lograremos revertir sus frutos en beneficio de la sociedad.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia-
Fecha: 2008-09-05