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El amor auténtico no razona, no pone límites,no calcula, no recuerda el bien que ha hecho ni las ofensas que ha recibido, nunca pone condiciones. Si hay condiciones, ya no hay amor. Card.F.X.Nguyen Van Thuan.

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SECCIONES
 

FAMILIA

Las agresiones de hijos a padres, el 22% de las consultas de violencia familiar
La violencia ejercida por los hijos contra sus propios padres se ha convertido en un fenómeno emergente. Si bien está muy lejos de la que son objeto las parejas o ex parejas, que siguen llevándose la palma (57,9%), sí suponen el 22,1% de los casos atendidos en 2007 por un programa municipal

 

M. J. ÁLVAREZ

 

Además, si más de una de cada cinco consultas tenía que ver con las agresiones de vástagos a sus progenitores, en más de la mitad de los casos (54%), éstas no se limitaban a ser verbales o psicológicas, sino que eran físicas, en un porcentaje ligeramente inferior al de la violencia de género (55,8%). Y, en el caso de los mayores de 65 años, representaban el 6,8% del total.

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Así se desprende del número de casos atendidos por el Programa de Atención Especializada a la Violencia en el Ámbito Familiar que el Ayuntamiento de Madrid lleva a cabo en los seis centros de apoyo a la familia (CAF) con los que cuenta. Con todo, las 679 familias que acudieron al dispositivo y a las que se les ofreció atención para resolver el problema de los malos tratos (que se tradujeron en 3.625 sesiones de psicoterapia) representan únicamente el 6% de todas las intervenciones que realizan los CAF.

 

Los padres suelen tomar conciencia de que van perdiendo el control que ejercen sobre sus hijos a partir de la preadolescencia (12 o 13 años), cuando los chavales tienen más capacidad de hacer daño físico y son más autónomos. Es cuando su agresividad empieza a ser más preocupante. «Comienzan a cuestionar normas, horarios; la autoridad, en suma. El desencadenante puede ser el rendimiento escolar, el absentismo, peleas, la falta de respeto a los profesores, la separación de los padres o sus desavenencias», explica Félix Arias, psicólogo del CAF 5, que se encarga de los distritos de Salamanca, Retiro, Vicálvaro y Moratalaz.

 

Comienza en la infancia

 

El problema no surge de la noche a la mañana. «Se va gestando lentamente, suele comenzar en la infancia y, si no se detecta, aumenta de forma gradual hacia formas más peligrosas», asegura Félix Arias. El agresor utiliza la violencia para ejercer el control y el poder sobre los demás porque ha aprendido que, de ese modo, obtiene lo que desea.

 

«Desobedece, falta al respeto, rompe objetos, insulta, grita, empuja, y puede acabar en golpes directos, en general, hacia el miembro más débil: la madre. Aunque también se da en padres por su falta de firmeza o, en caso de separación, por no estar presente en su entorno cotidiano», mantiene Arias. El mecanismo de la víctima es inverso al del verdugo: «Si cedo a la presión cesa la agresión. De ahí que sean cada vez más permisivos».

«¿Qué nos pasa?»

 

¿Cómo son las familias? En general son estructuradas, pero sufren un deterioro progresivo por el uso de la violencia de sus retoños. Éstos suelen ser varones con baja tolerancia a la frustración, que no se esfuerzan ni en casa ni en el instituto, vinculados en ocasiones a grupos violentos o al consumo de drogas, aunque no es una variable esencial.

 

Son varones con baja tolerancia a la frustración. De entre 35 a 44 años (26,8%), de 17 a 24 (16,8%) y de 25 a 34 y de 45 a 54 (15,3 y 15,5%), respectivamente. Y es que, a veces, la violencia sigue en la edad adulta.

 

La intervención para resolver la situación se realiza con toda la familia. «No vale decir ¿qué le pasa a mi hijo; por qué actúa de este modo? sino ¿qué nos pasa?», subraya Arias. Una vez que se toma conciencia de la situación - no es fácil de asumir porque los padres se sienten culpables-, comienza la terapia para modificar la forma de relacionarse, de expresar las emociones y controlar los impulsos. La detección precoz es básica: cuanto antes empiece la ayuda profesional más posibilidades hay de reconducir la situación.

 

El plan de intervención varía en función de las edades y del nivel de conflicto. En los CAF, que cuentan con psicólogos y trabajadores sociales, se evalúa y se determinan las sesiones conjuntas e individuales a seguir. Tras el alta se lleva a cabo un seguimiento.

 

«Una de las tareas más difíciles de entender para los padres es que no tienen que suplantar las responsabilidades de sus hijos, que las tienen que asumir ellos y equivocarse porque no les dejan crecer ni madurar».

 

Además, deben observar el problema desde un punto de vista racional y ser firmes, sin rebajar las muestras de cariño, descartando cualquier tipo de agresión, incluso verbal. Junto a ello, se trabajan las habilidades de comunicación, los valores, el respeto, la tolerancia...

 

«La familia espera una solución inmediata y el proceso necesita tiempo». En los casos extremos que requieran medidas más contundentes, el CAF deriva el caso a la Fiscalía de Menores, al Grume o al recurso de protección necesario tanto para los hijos como a los padres. Y es que, aunque nos centremos en la violencia que ejercen los retoños sobre sus progenitores, también se da la contraria (14,1%), entre hermanos...

 

Respeto, respeto y respeto

 

Los talleres de límites para promover cambios de actitud son esenciales. Hay que cambiar las reglas del juego y respetarse mutuamente. Debe quedar claro quién ejerce la autoridad y generar una convivencia adecuada. Los padres tienen que ser exigentes sin ser dictatoriales, comunicativos, empáticos, cariñosos, compartir actividades, etc. «Las normas básicas deben razonarlas con sus hijos y ser flexibles en aspectos no esenciales. Tienen que respetar sus gustos e ideas, siempre y cuando no dañen al otro; ser comprensivos con sus conflictos y escucharles. Y, sus vástagos, igual. Además, estos tienen que aprender que trasgredir los límites lleva aparejado un coste», concluye Arias.

 

 



Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-04-16