Generalmente, para la mayoría de las personas suele ser una combinación de ambas en diferentes etapas de la vida juntos. Y es que, a lo largo de la convivencia, una pareja va pasando por una serie de cambios. Algunos de ellos hasta cierto punto predecibles, como la formalización de la relación, el nacimiento de los hijos, la entrada a la escuela de estos, su adolescencia o la etapa en que la pareja vuelve a quedarse sola cuando los hijos parten a vivir su propia vida.
Durante todos estos años juntos, las parejas suelen establecer ciertos hábitos de relación o patrones de interacción, en cuanto a la forma de reaccionar el uno con el otro en determinadas situaciones y contextos, que en ocasiones, aunque pueden haber sido útiles para el mantenimiento de la relación, al paso de los años, cuando permanecen demasiado, pueden llegar a ser perjudiciales para los cambios que la pareja va teniendo al paso del tiempo.
Los seres humanos somos seres de hábitos. Necesitamos de estos para realizar muchas actividades importantes en nuestra vida diaria de manera automática. Sin embargo, los cambios constantes por los que atravesamos, de manera abrupta o paulatina, requieren flexibilidad para poder adaptarnos a las nuevas circunstancias.
El nacimiento de un hijo, la muerte o enfermedad de algún familiar, el cambio de trabajo o de residencia, son solo algunas de las circunstancias que introducen novedad y tensión a la vida de la pareja y que requieren que esta se adapte de algún modo.
En las etapas en que algunos de los viejos patrones de interacción establecidos por la pareja se vuelven obsoletos y/o dolorosos suele desencadenarse una crisis en la relación. Alguno o ambos miembros de la pareja se sienten atrapados en una especie de “danza dolorosa”, donde incluso muchas veces pueden predecir que hará el otro cuando el o ella haga “x” o “y”.
Sin embargo, no saben como romper ese patrón de interacción que se ha vuelto ya casi incontrolable. Es importante en estos momentos reconocer el dolor o cualquier otro sentimiento que se este sintiendo. Dar permiso a la pareja y a uno mismo de sentir lo que sea que este uno sintiendo en las circunstancias vividas y empezar a tomar acción en la dirección de romper las pautas dolorosas en que han caído.
Por otro lado, ampliando la visión del entorno que rodea la vida de pareja, se encuentran todas las creencias sociales acerca de lo que tanto “un hombre” o “una mujer” debe de hacer, pensar o sentir según determinados grupos sociales a los que pertenecen los miembros de la pareja y a los que tienen como marco de referencia.
La misma idea acerca de “lo que debe ser o no una pareja” es una construcción que se genera en el dialogo entre las personas. Estas creencias, desarrolladas y aprendidas, algunas en la familia, con los amigos, en algún otro grupo social con el que se tenga contacto y dentro de la misma pareja, a partir de sus continuas interacciones, influyen fuertemente en las actitudes, expectativas y conducta que cada uno de sus miembros tenga.
En el trabajo terapéutico que se realiza con parejas desde el modelo de psicoterapia breve se reconocen y validan los sentimientos que se experimentan a partir de los problemas, se busca identificar, con alguno o ambos miembros de la pareja, las pautas de relación problemáticas en que se encuentran entrampados, se analizan algunas formas de cómo podrían interrumpirse o introducir algún cambio en ellas, se exploran las situaciones excepcionales en las que, a pesar de haberse dado las circunstancias para que apareciera el problema por alguna razón este no se presentó, y se investiga con él o los pacientes que fue distinto en esas ocasiones.
¿Cómo fue diferente su manera de reaccionar ante la situación problemática? ¿Cómo reacciono el otro miembro de la pareja ante esta nueva respuesta de su parte?
En psicoterapia breve se busca explorar y resaltar los recursos de las personas para, a partir de ahí, co-construir formas de resolver los problemas. Se sabe que un pequeño cambio significativo en la vida de las personas puede llevar a grandes cambios. Se exploran las creencias que sostienen ciertas formas problemáticas de interactuar en la relación, se trabaja a partir de ellas, se hacen explicitas y se revisan y cuestionan, si es necesario.
Cuando uno de los miembros de la pareja se arriesga a tomar la iniciativa y reaccionar de manera diferente ante una situación que, hasta ese momento, ha sido un problema para su relación de pareja, abre la posibilidad de que se empiecen a obtener resultados distintos.
Sin embargo, muchas veces, los miembros de la pareja se quedan esperando a ver quien va dar el primer paso en una dirección distinta, temerosos de ser los primeros y quizás salir lastimados en el intento.
Desde este enfoque, cada una de las interacciones entre las personas pueden ser miradas como “experimentos” en los que uno actúa de una cierta manera y observa muy atentamente cual es el resultado que se obtiene con esta reacción.